Alejandro del Río, aquel chico siempre risueño, siempre de broma, siempre con una gran sonrisa...y en ocasiones algo preocupado por si su media le iba a dar para estudiar medicina, ha vuelto al colegio. De profesor, con su padre, nuestro admirado y querido Dr. del Río. Juntos dieron una gran clase de primeros auxilios a los alumnos de Cultura Científica de 1º Bachillerato. Creo que una clase así debería ser obligatoria en todos los colegios y para todos los itinerarios. Tener conocimientos para saber lo que hay que hacer en un momento de peligro, hasta incluso poder llegar a salvar una vida, debería formar parte de la cultura de todos los alumnos.
Cuando vi allí a Alejandro, dando esa importante clase con tanta soltura y conocimiento, me sentí muy orgullosa de él. Y como se que es un chico que tiene muchos amigos, y una aptitud especial para la comunicación y las relaciones sociales, le pedí que escribiera su experiencia al entrar en Medicina. Esa facultad que es el sueño de muchos de vosotros y por el que luchamos juntos con ahínco, poniendo como objetivo conseguir los conocimientos que os permitan alcanzar la alta media que se pide para entrar en esta carrera.
De
Chamberí a la universidad por Alejandro del Río
Desde
primero de bachillerato uno empieza a tener ganas de terminar el colegio y
empezar la universidad. Es un paso que te llama mucho la atención, y algo
que quieres que llegue. Quieres cambiar de aires, de gente, de profesores, de
temario… Pero una vez llegado e instalado en tu nueva vida, hay muchos momentos
en los que echas de menos tu antigua rutina.
Yo,
personalmente, considero que la carrera y la vida universitaria es una de las
mejores épocas de la vida. Pero echando la vista atrás, también he de agradecer
las bases con las que aterricé en esta nueva etapa. Desde el punto de vista
académico, y para la carrera que estoy estudiando, creo que mis compañeros y yo
recibimos una educación que nos permitió abrirnos las puertas.
En aquel
momento, pensé que ciertos profesores y ciertos exámenes eran demasiado rígidos
y que no era necesario exigir tanto, pero a día de hoy, me doy cuenta de que
gracias a ello he conseguido un ritmo de estudio que me permite llevar bien la
carrera y no se me hace duro llevar una rutina de estudio diaria. Creo que
merece más la pena escuchar a los profesores de lo que pensamos en esos últimos
cursos, y ahora, tres años después, uno se sigue acordando de ciertos consejos
y ciertas formas de estudio que nos inculcaron y que sigues aplicando, porque
sigues encontrándolos útiles.
Lo que más agradezco desde mi punto de vista, es
el hecho de haber aprendido a trabajar solo, buscarme yo la manera de conseguir
el objetivo, y ser yo quien me abra las puertas, sin que me den las cosas
regaladas.
Hablando
de lo personal, pasado el tiempo uno recuerda el ambiente de confianza con los
profesores. No con todos, porque como es normal uno encuentra sus más y sus
menos, pero sí que es cierto que hay momentos en los que echas de menos un
profesor que actúe de manera cercana, y te ayude a enfocar la asignatura, y que
se comporte como un orientador. En la universidad, como también es normal, es mucho
más complicado encontrar alguien así. Agradezco que ciertos profesores se hayan
comportado no solo como tal, sino también como tutores, “olvidando”
momentáneamente el rol de maestro y buscando con interés la manera de ayudar al
alumno. No es fácil encontrar colegios en los que haya profesores que se
lleguen a involucrar de manera real con los alumnos.
No
puedo olvidarme de los compañeros y amigos de clase. Muchas veces desearías que
tan solo por un día, volvieras a segundo de bachillerato, ir a clase con los
compañeros y profesores de siempre, y vivir un día de colegio normal. Yo llevo
en el colegio desde los tres años, y allí siempre encontré un ambiente para
de una manera fácil encontrar gente afín a ti y poder entablar una buena
amistad. Eso es algo que no se suele mencionar, pero también es importante.
Cuando uno empieza la universidad, llega nuevo, a veces se encuentra algo
descolocado, y desde mi punto de vista, es fundamental tener unos amigos en los
que apoyarse, con quien contar. Y por ello también recuerdo con cariño al
colegio, dado que las mayores y más fuertes amistades que conservo a día de
hoy, empezaron todas, o casi todas en el colegio Chamberí.
Considero
por tanto, que las bases personales y académicas con las que salí del colegio
son excelentes, y me han ayudado mucho más de lo que creo, o creí en su
momento, a conseguir mis objetivos, como por ejemplo fue estudiar medicina en
la UCM.
Lo
que más me gusta a mí de la universidad en la que estoy son las prácticas. Las
prácticas están muy bien planteadas en los primeros dos cursos, y a partir del
tercer curso, un alumno ya empieza a tener contacto con pacientes reales en el
hospital y empieza a poner en práctica todo lo que va aprendiendo. Todas las
prácticas que vas haciendo van acorde con el temario que estas estudiando en el
momento, lo cual te ayuda mucho a la hora de estudiar y encontrar motivación
para ello.
En
definitiva creo que el colegio Chamberí ha sido una gran ayuda para formarme
como persona y como estudiante. Creo que en el momento no nos damos cuenta,
pero más tarde piensas que deberías haber hecho más caso y prestado más
atención a lo que decían los pofesores.
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